LA LUMBRE, Y EL ÁRBOL DE LA COMA

Autor: Servando Santos Elizondo 

Lo que a continuación voy a relatar es una anécdota sucedida hace años, en la pequeña propiedad agrícola donde estaba la casa de mis Padres donde viví mi infancia. Mi contacto con la naturaleza me permitió conocer muy de cerca las plantas, los árboles y animales domésticos y silvestres con los que conviví. Nunca fui educado para temer a lo desconocido, todo lo contrario, siempre había una explicación racional y objetiva de los hechos. En mi infancia no oí hablar de las hadas ni de los duendes, ni chaneques, ni brujas, ni nahuales, temía a las víboras, a los alacranes, a las arañas capulinas y a las plantas con frutos venenosos como la tullidora.

Un hecho sobresaliente que me llamaba mucho la atención era la conversación sobre la aparición de la lumbre, un fenómeno sin que aparentemente nada lo provocara y que algunas gentes la lograban ver. El fenómeno de la lumbre fue observado ocasionalmente por varias personas, parientes muy cercanos a mi vida quienes aseguraban haberla visto no una vez sino en varias ocasiones, comentaban que podía verse cuando estaba nublado, o briznando, cuando cae la tarde o ya anocheciendo. La lumbre de una coloración azulada siempre se veía surgir al lado del árbol de la coma que estaba a unos setenta metros de la casa, decían que es una luminosidad que se alza del suelo como una flama delgada de unos sesenta centímetros de altura. Otros dicen haberla visto como un brasero ardiendo, sin embargo, cuando llegan al lugar, ya no se ve ni fuego ni brasas; pero de lejos se ve como si caminaran sobre ellas.    

Este fenómeno conocido como fuego fatuo, o fuego de los pantanos se sabe que las culturas más disímbolas les dan explicaciones muy parecidas, las más frecuentes son las explicaciones paranormales, aseguran muchos que estos fuegos se presentan anunciando que en ese lugar se encuentra enterrado algún tesoro. En la pequeña propiedad agrícola de mi familia, la lumbre se ubica al lado del camino que pasa frente a mi casa. Este camino se asegura que antiguamente era una brecha que conducía desde Estación Rodríguez hasta la Hacienda La Laja, esta hacienda es un rancho ganadero que se localiza a orillas del rio Salado ubicado a dos kilómetros del rancho de mis Padres, tiene una extensión de veinte mil hectáreas y actualmente está dividida, correspondiéndole a La Laja la nada despreciable cantidad de cinco mil hectáreas. Esta hacienda estuvo muy relacionada con el movimiento revolucionario de 1910 y se especula que muy probablemente en esta brecha pudiera haber sido enterrado algún cargamento de oro usados en la compra de armas u otros implementos para la revolución. Yo personalmente fui testigo cuando encontraron en la hacienda La Laja grandes baúles llenos de balas de los años de 1910.

Siempre que salía la lumbre era todo un espectáculo que a mí en lo personal nunca me tocó ver, se decía que toda la Coma se iluminaba. Que se alzaba la flama y luego bajaba hasta desaparecer. Se comenta que cuando vivía mi Abuelo paterno tenía en ese lugar un corral donde dejaba al ganado, generalmente vacas, caballos y mulas, también en la zona de las Comas puso una porqueriza, El negocio pecuario iba viento en popa, hasta que una mañana amanecieron todos los puercos muertos, se pensó que quizá fue alguna epidemia o fue la lumbre. Nunca se ha sabido con exactitud qué fue lo que ocasionó esta mortandad.

Mi familia pretendiendo encontrar el tesoro se abocó en múltiples ocasiones para escarbar, usó aparatos detectores de metales, también las varas de radiestesia, sin embargo, todo fue en vano, sólo el árbol de la Coma permaneció en el lugar, impasible, como diciendo -solo mi fronda y mi dulce fruto son los tesoro que les ofrezco-.

En los años de mi infancia jugué y corrí por entre los árboles y los arbustos que crecían en torno a mi casa y claro que con el paso del tiempo encontré el tesoro tan codiciado, toda la belleza, la tranquilidad, el colorido, los aromas y la vista de atardeceres maravillosos que nos ofrece esta tierra del noreste de México y muchas cosas más que doy a conocer de manera sucinta en este pequeño tratado.

La lumbre sigue iluminando de vez en vez esos parajes semidesérticos, atemorizando a unos e ilusionando a otros. Las Comas allí están para deleitarnos con su color verde oscuro para indicarnos que hay corrientes de agua pura, para cobijarnos con su sombra de los rayos ardientes del sol de julio y agosto y para darles a los niños del campo un chicle natural y muy delicioso.