EL PASTOR CORYDÓN Y LA TULLIDORA

Una corta reseña informativa por Servando Santos Elizondo.

Manuel José Othón. El pastor Corydón. Editado en internet por José Armando Pineda Aguirre. Libros gratis. 30 pp. sin año de registro para esta edición.

Este cuento corto es una de las mejores obras de Manuel José Othón, fue escrita en el año de 1895. Consta de cinco apartados designados con números romanos. Inicia el primer apartado para describir a uno de los personajes más representativos del medio y de los tiempos en los que se desenvuelve la trama, don Sixto el sacristán, El es un hombre fracasado en los estudios del seminario, casi contrecho, patizambo y muy hablador, mujeriego y tomador a escondidas. El único afán de don Sixto en toda la trama era la conquista de la esposa del pastor Corydón, a sabiendas de que era una mujer muy frondosa y fácil de llegar a ella. Othón es un descriptor del paisaje natural llevado hasta la máxima expresión de la belleza. Lo que para algunos es solo un paraje rústico, para Othón es un lugar digno de contemplación.

Prosigue en el apartado número dos romano donde describe la relación de Aleja y Odilón que es el verdadero nombre de Corydón, el nombre de Corydón le fue dado por don Sixto remembrando lo que leyó en el seminario, sobre una de las obras de Virgilio llamada Corydón y Alex. Odilón durante toda su vida fue pastor como lo era el personaje de Virgilio. En este apartado se relata que la relación de Odilón y Aleja se había truncado tiempo atrás, por un lado debido a la conducta liviana de esta mujer y después, por una grave enfermedad que contrajo el pastor y que lo mantenía postrado en la cama. Al pastor lo describe como un hombre bueno incapaz de ofender en lo más mínimo a su mujer, dedicado a su trabajo, para llevar la comida para su esposa y sus cinco hijos, toda esta responsabilidad de nada le sirvieron pues su esposa en la primera oportunidad lo abandonó por otro. Odilón o Corydón como lo llamaba el sacristán, quedó para cuidar a sus hijos.

En el tercer apartado se relata de cómo el pastor contrajo tan grave enfermedad que lo dejó postrado. La sequía acabó con todos sus animales, el hambre y las enfermedades fueron minando a su familia falleciendo cuatro de sus cinco hijos. Odilón estuvo viviendo en los cerros sin ganado y sin comida, el hambre hizo presa de él, comiendo maguey y nopal,  pero fue tanta su desesperación ocasionada por el hambre que como lo narra Othón “ …..y ocasión hubo que acosole tan horrorosamente el hambre mordiéndole sin piedad las entrañas, que se arrojó furioso sobre una mata de la hierba llamada capulincillo o tullidora que encontró con fruto en las grietas húmedas de la rocallosa cuenca, donde tiempo atrás gorgoritaba un manantial. A puñados arrancó los negros, lustrosos y diminutos esferoides que salpicaban las ramas verdes del arbusto y con movimientos maxilares de feroz y vertiginosa masticación trituro entre sus dientes ávidos el dulce fruto, engulléndolo con terrible furia. Sólo en semejante estado pudo el triste pastor devorar  aquel fruto venenoso  bien sabía el que los huesecillos encerraban en su simiente la parálisis para el incauto que los deglutía después de masticarlos….”

En el apartado número cuatro de este cuento, se describe como aleja mujer de Odilón regresa a su casa después de ser maltratada por su amante. Ya Odilón se encontraba semiparalizado y ahora ella lleva la carga de la manutención de su esposo y de su hijo, sin embargo, no lo hacía por cariño a ninguno de los dos, sino por asegurar su vida y seguir haciendo lo que tanto le gustaba.

Termina el cuento con un quinto apartado donde de una manera trágica concluyen todos los sufrimientos de Odilón. Sucedió cuando de una manera desfachatada Aleja lleva a don Sixto a su casa y delante del paralizado Odilón consuman su canallesca acción. El pastor en una acción desesperada por su condición se ve en la necesidad de arrastrarse fuera del jacal y con la fuerza tan sólo de sus manos, usando el ceñidor de sus vestimentas logró colocarlo en la rama de un árbol que estaba junto al vallado haciéndose un nudo corredizo lo pasó sobre su cuello, pidiendo perdón y encomendándose a Dios se colgó, logrando de esa manera terminar con el insoportable sufrimiento tanto físico como moral en el que vivió, quedando en vilo y a merced del viento. Toda una tristísima historia que describe en los años previos a la revolución mexicana las condiciones oprobiosas en las que vivían la población de la provincia y campo mexicano y que desde mi punto de vista es una de las mejores obras que he leído de Manuel José Othón.