EL FANTASMA DE LA ANACUA

Autor: Servando Santos Elizondo

La vastedad del campo literario permite desplazarnos por tan variadas vías y formas temáticas que considero pertinente relatar cómo el árbol de la anacua se relaciona y convive con el hombre. En estas tierras del noreste de México las tradiciones y leyendas están fuertemente vinculadas con los árboles nativos, El Fantasma de la Anacua es un relato que se dice sucedió en la ciudad de Lampazos Nuevo León, pueblo colindante con el municipio de Anáhuac Nuevo León.  

Esta historia data de 1900, cuando lo que ahora es el municipio de Anáhuac Nuevo León todavía formaba parte del municipio de Lampazos Nuevo León. La leyenda ha ido transmitiéndose primero de forma oral y en la actualidad algunos autores como Rafael Olivares la han dado a conocer por escrito, siendo narrada más o menos de esta manera. En el anacual se dice que se ha visto salir por las noches un espectro que se desplaza por las calles. Quienes lo han visto dicen que es el mismo diablo en persona, la gente evita caminar en las noches por esos lugares.

Los lampacenses que viven por el barrio del ojito  por las calles de Mina y Allende, en donde había una casa que perteneció a Don Santiago González Anaya, comentan que la casa la prestó al cura García quien era de mucho carisma y logró acumular de diezmos y limosnas una gran cantidad de monedas de oro. Como se vio en la necesidad de viajar lejos, no tuvo más remedio que enterrar sus monedas donde nadie supiera. El tiempo pasó y el cura falleció en esas tierras lejanas sin dejarle dicho a nadie sobre su tesoro.

En la actualidad la leyenda ha sido revestida de innumerables hechos, unos ficticios y otros matizados con la realidad, hechos que en muchos de los casos son ocurrentes y chuscos adornados por la sabiduría popular.

Cuenta la leyenda que Juan Loera vecino del barrio, acostumbraba pasar por el anacual, y sucedió que cuando iba de la cantina a su casa y sin decir agua va, se le apareció un espanto entreverado en las ramas de una anacua. Con todo el miedo acumulado entre la espalda alta y la nuca, corrió a su casa como alma que lleva el diablo. Ya en su casa tuvo que ser curado de espanto y de susto, reponiéndose completamente. Días después vuelve a la cantina, envalentonado por los tragos de mezcal de Bustamante y con un revolver en la mano se dirigió a la anacua donde días antes se le había aparecido el espantajo, al pasar por el anacual escucho una voz cavernosa que lo llamaba, aún con los pelos de la nuca erizados, pero con la pistola en la mano hizo unos disparos al aire y conminó el espectro para que identificara a qué mundo pertenecía.  El fantasma bajó de la anacua y caminó despacio hacia el empistolado. La sábana cayó al suelo y las coplas populares registran en verso singular las palabras del falso espectro fantasmal.

“¡No me mates…!
¡Te lo pido por favor!
Soy del mundo de los vivos
y te pido compasión
pa’ seguir en este mundo
de engañoso y hablador…”

Por supuesto que el espanto que pertenecía al mundo de los vivos salió corriendo a toda velocidad y el espectro vivo ya no se apareció otra vez.

Infinidad de veces las gentes intentaron encontrar el tesoro escarbando por doquier, fue hasta que construyeron la carretera a Colombia jurisdicción de Anáhuac Nuevo León que unos trabajadores con un trascabo arrancaron de cuajo un árbol de anacua saliendo a relucir monedas de oro. Los trabajadores se llevaron el oro y dejaron maquinaria y herramientas abandonadas. A los trabajadores ya no se les volvió a ver y se supone que hay nuevos ricos viviendo lejos de Lampazos Nuevo León.